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Revista Acta Médica

Historia CMC

En los albores de la colonia, los habitantes de Costa Rica no contaron con profesionales médicos que se dedicaran a atender a los enfermos y, en consecuencia, recurrían a los indios que se hacían pasar por brujos o algunos españoles que se decían expertos en la curación de enfermedades.  Por lo general estos curanderos empleaban hierbas en la preparación de sus medicamentos.

 

En el año 1781 ingresó el primer médico, doctor Esteban Courti, de nacionalidad italiana, quien realizó notables curaciones, según el parecer de aquellas personas, lo que le rodeo de gran fama y prestigio.  Durante su permanencia en el país hizo el estudio de mucha clasificación de las plantas propias de la región, descubrió en muchas de ellas cualidades curativas que usó en sus prescripciones e instruyó a muchos de nuestro connacionales en la preparación de esas hierbas y en la manera de aplicarla a los enfermos.

Por las actitudes de rebeldía del doctor Courti contra la Iglesia Católica obligaron a la Capitanía General de Guatemala a ordenar su prisión y deportación a Guatemala para ser juzgado por el Tribunal de la Inquisición.

Más tarde, en el año 1806, fue enviado de Guatemala el Licenciado en cirugía don Manuel del Sol para combatir la peste de la viruela que azotaba nuestras poblaciones.  El señor del Sol residió en Cartago por algún tiempo y, después fue trasladado con igual fin a León de Nicaragua.

De 1825 a 1830 residieron en el país dos médicos, venidos también de Guatemala, uno de apellido Flores y el otro Gutiérrez, para continuar el trabajo de la erradicación de la viruela.

En 1834 una compañía inglesa que vino a explotar las minas de oro del Monte del Aguacate, trajo al Dr. Ricardo Brealey, que radicó en el país por varios años y terminó por regresar a Inglaterra.

Por lo expuesto, se verá que los habitantes de Costa Rica, en aquellos tiempos, apenas si tuvieron una pequeña idea de lo que era un profesional médico y que por lo general, la atención de los enfermos estuvo a cargo de personas que carecían de conocimientos científicos.  Esta situación duró hasta 1838, en que ingresó al país el doctor Nazario Toledo, médico guatemalteco que se radicó definitivamente en San José hasta su fallecimiento donde ejerció constantemente su profesión.  Su hijo don Nazario Toledo Matey fue también a estudiar Medicina en Guatemala y una vez graduado ejerció su profesión en San José, naturalizándose costarricense.  Don Nazario Toledo (hijo) desempeñó por primera vez la Jefatura de Higiene de la ciudad de San José y fue, como su padre, persona sumamente apreciada por la sociedad.

En 1839 llegó a Costa Rica otro médico, el doctor don Víctor Castella, francés, quien también residió en San José hasta su fallecimiento.

Ya en 1840 llega al país el primer médico costarricense, doctor José María Montealegre, graduado de la Universidad de Edimburgo, después de diez años de estudio.  Este médico ocupó la Presidencia de la República en sustitución de don Juan Rafael Mora Porras.

En el año de 1843 llegaron otros dos médicos costarricenses que estudiaron y se graduaron en la Universidad de Guatemala.  Fueron ellos don Cruz y don Lucas Alvarado.  De esa fecha en adelante no ha pasado un año sin que ingresen al país médicos costarricenses y extranjeros que habiendo adquirido conocimientos en las universidades extranjeras, han venido a ejercer su profesión en el país, ya que Costa Rica no contó en el pasado, con una verdadera Escuela de Medicina, pues la Sección de Medicina que se creó en la Universidad de Santo Tomás fue de tan efímera existencia que en ella solo se pudo graduar un médico, el Doctor don Cirilo Meza Noguera, en el año de 1882, y hubo de ser clausurada poco después por falta de medios para sostenerla.  No es sino tiempo más tarde que se ha podido llegar a fundar por la Universidad Nacional la Facultad de Medicina de Costa Rica, gracias al Doctor Onofre Villalobos Soto, que como Diputado en 1940, logró que se aprobara la Ley que creaba dicha Facultad y al empeño del Doctor don Antonio Peña Chavarría que desde un principio mantuvo la necesidad de crear en Costa Rica la Escuela de Medicina.